Con uno diferente no parecería el de siempre. Entro en la tienda satisfecho de la mano de su madre. Cientos de pantalones colgaban de las perchas, en tejido de casi todos los colores. Llevaba casi dos años soñando con ese momento y odiando vestir siempre la misma ropa, aunque nunca lo dijo en casa, esas cosas no se decían. Se dirigieron a la dependienta gordita y su madre preguntó en voz baja. -¿Tienen pantalones de señora?.
Ella avanzó mucho aquel día. Él siguió con los pantalones que fueron antes de su hermano hasta el verano siguiente.