jueves, 3 de abril de 2008

Todo el tiempo.

Mucho vivido. Todo había ocurrido en muy poco tiempo pero de tan intenso, le parecía incluso mentira algunas veces. El cambio de ciudad, el nuevo trabajo, la boda, el nacimiento de su hijo, el cargo público, el divorcio, sus amantes, las drogas, la corrupción, el dinero, muchísimo dinero, y ahora la cárcel. Su abogado le prometía en cada visita que saldría bajo fianza, pero esto no acababa de llegar nunca. Tal vez aquel nuevo universo en el que todo ocurre tan despacio, era el crisol que deformaba la dimensión temporal de su pasado, haciendo del tiempo algo irreal.

2 comentarios:

AAOIUE dijo...

A veces he pensado qué sería de mí
*in carcere* y sé que al no poderme desprender de mí misma, estaría más o menos igual que ahora mismo pero un poco más libre en algunos sentidos. Será porque mi relación con el tiempo no acaba de suavizarse.
Espléndido tu relato con esa sucesión de etapas en la lógica de las comas.

Mega dijo...

Estupendo microrrelato. Suele ocurrir que las desgracias parecen más reales que los buenos tiempos, que la sucesión tranquila de nuestro pasado sin accidentes memorables.