Cada escenario era como un mundo nuevo al que se llegaba desde el anterior, sólo si se había superado la prueba correspondiente. Había luchado y vencido a terribles piratas, rescatado hermosas princesas, desarmado maléficos caballeros, entronizado a reyes ultrajados, incluso había expulsado a un dragón incendiario, que a punto estuvo de quemar su casa, pero ahora no sabía como devolverle la vida a su madre, inmóvil y fría dentro de aquel ataúd de pino.